Alimentación en el embarazo
¿Cuáles son las necesidades del embarazo?
El embarazo y la lactancia son dos períodos de la vida durante los que se modifican las necesidades alimentarías. Además de satisfacer sus propias necesidades, la alimentación de la madre tiene que garantizar también las del niño.
Las necesidades calóricas adicionales se deben a la suma del gasto energético generado por el feto y de las reservas necesarias para la lactancia. Para un embarazo normal, este gasto corresponde en total a unas 80000 Cal. Sin embargo, la disminución de la actividad física en la segunda mitad del embarazo y la mejor asimilación del alimento pueden llegar a suponer un ahorro de unas 40000 Cal. Por consiguiente, el consumo real de un embarazo normal es de 40000 Cal que, distribuidas en 270 días, dan un promedio de 150 Cal al día: más o menos el 7 % de la dieta normal de una mujer adulta.
Las necesidades de proteínas son de 625 g para el feto y la placenta, y de 950 g para las reservas esenciales de la lactancia. Gracias a la mejor asimilación del alimento, el consumo proteico de un embarazo normal es de 900-1.000 g, es decir, unos 4 g al día. Como la toma de proteínas en los países occidentales es muy superior a las necesidades reales, todos los expertos coinciden en afirmar que no se requiere ningún suplemento proteico durante el embarazo cuando la mujer no padece problemas de desnutrición.
Las necesidades de vitaminas son objeto de muchas controversias. Aunque una alimentación normal satisface ampliamente las necesidades vitamínicas, hoy en día la mayoría de médicos tiende a recomendar un suplemento de ácido fólico a título preventivo contra la anemia.
Las necesidades de sales minerales son considerablemente más elevadas y el embarazo puede poner de manifiesto una deficiencia preexistente. Las necesidades de calcio y fósforo durante los últimos cinco meses hacen necesario un suplemento de leche y productos lácteos. Lo mismo vale para el hierro, dado que el embarazo revela numerosas carencias hasta entonces bien toleradas.
Si los análisis de sangre muestran una carencia de hierro, el médico podrá prescribir medicamentos específicos. Según los hábitos alimentarios de la mujer, también se recomienda a veces completar la dieta con alimentos ricos en magnesia.
¿Cuáles son los riesgos de una mala alimentación?
La desnutrición materna puede ser causa del nacimiento de niños con un peso por debajo de lo normal. Las carencias de calcio y fósforo provocan una desmineralización ósea que afecta más a la madre. En cambio, la anemia debida a carencia de hierro afecta tanto a la madre como al niño.
La sobrealimentación materna se traduce en un peso más elevado del niño al nacer, con el consiguiente aumento de los riesgos y las dificultades en el momento del parto. Además, las excesivas reservas alimentarías de la madre son difíciles de eliminar, sobre todo si no amamanta al bebé. En cuanto al niño, un peso excesivo al nacer puede conducir a una obesidad constitucional incurable.
¿Cómo equilibrar la alimentación?
- Durante los tres primeros meses, no es necesaria ninguna aportación adicional: es el momento ideal para regular una alimentación desequilibrada y adoptar una dieta variada y equilibrada, dividida básicamente en tres comidas diarias.
- A partir del segundo trimestre, se puede aumentar un 10 % las cantidades de la dieta inicial. Si las raciones básicas eran ya elevadas (más de 2200 Cal al día), debe evitarse este aumento.
- El mejor suplemento dietético es un tazón de leche o una ración de algún producto lácteo al día, que corresponde exactamente al aumento de las necesidades de la embarazada.
IMPORTANTE
El equilibrio alimentario en los últimos meses de embarazo es muy importante para la salud del futuro bebé. Este período es ideal para corregir los malos hábitos alimentarios.