Ansiedad y angustia

¿Qué es la ansiedad?

La ansiedad es una respuesta emotiva ante el peligro; peligro que puede ser conocido y real, o indeterminado he imaginado. Los signos físicos de la ansiedad son, de hecho, los mismos que se tienen frente a una amenaza: una descarga de adrenalina que provoca aceleración de la frecuencia cardíaca y la respiración, elevación de la presión arterial, contracción de los músculos y desplazamiento de la masa sanguínea de las extremidades hacia los órganos centrales.

En la ansiedad, el peligro es puramente psíquico: la amenaza proviene de una insatisfacción de los deseos profundos. La angustia es una señal de alarma procedente del yo y que responde al principio de placer-displacer.
Esta situación, normal e incluso beneficiosa para la construcción de la personalidad, aparece desde los primeros meses de vida y se mantiene durante toda la existencia.

En el adulto, la ansiedad refleja un conflicto entre el yo, el inconsciente y la realidad. La producción de angustia y la represión están íntimamente relacionadas. Existen cuatro tipos principales de angustia: la angustia de la muerte, la angustia de la separación (miedo a perder el objeto querido), la angustia de la castración y la angustia de la culpabilidad. Todos estos tipos de angustia están relacionados con las pulsiones de vida, sexuales y de muerte.

Es importante distinguir una crisis de angustia (respuesta normal a una situación de conflicto psíquico) de la ansiedad crónica que se presenta como carácter dominante de una personalidad mal estructurada. Esta ansiedad crónica puede estar asociada a un trastorno más profundo del equilibrio psíquico.

Tratamiento de la angustia

Cuando el sentimiento de ansiedad es difícil de sobrellevar, y altera las actividades y las relaciones normales, se debe consultar a un médico.

¿Qué hace el médico?
Con la entrevista y el examen clínico se cerciora de que la naturaleza de la angustia sea sólo de orden psíquico.
Luego determina si se trata de una crisis pasajera, relacionada con un acontecimiento reciente, o un estado crónico.

¿Cuál es el tratamiento de la angustia?
En el primer caso, una corta terapia a base de tranquilizantes o ansiolíticos ayuda a superar el período difícil. Unos cuantos consejos sobre el estilo de vida y dos o tres entrevistas espaciadas en el tiempo completan el tratamiento.
En el segundo caso, el tratamiento es más complejo. Los medicamentos hacen que la existencia sea soportable y facilitan las actividades y relaciones sociales de la vida diaria, pero no bastan para tratar la causa. Unos ejercicios de relajación y la práctica del yoga permiten controlar mejor la situación.
Muchas veces, hay que optar por la psicoterapia, e incluso por el psicoanálisis, para intentar desvelar las razones profundas y poder ponerles remedio. Sólo un especialista con la formación idónea y experimentada puede llevar a cabo este tipo de tratamientos.

¿Qué puede hacer uno mismo?
Hay ocasiones en que el paciente conoce el factor que causa la ansiedad, y entonces puede evitarlo o modificarlo. Por ejemplo, un cambio de trabajo o la ruptura de una vida conyugal desastrosa solucionan a veces el problema.
Es más difícil modificar un comportamiento alimentario perturbado, ya que el abuso del tabaco o del alcohol suelen ser más una consecuencia de la ansiedad que su verdadera causa. Por otro lado, la práctica de un deporte permite reconciliarse con el propio cuerpo y tiene efectos muy positivos. Por último, para tener un buen equilibrio psíquico resulta primordial aprender a controlar la angustia por medio de la comprensión y el razonamiento.

¿Cómo evoluciona la ansiedad?

Cuando responde a un acontecimiento puntual, suele ser pasajera. Cuando la angustia es crónica, puede evolucionar hacia un estado depresivo o ser ocultada por el inconsciente, y en este caso se manifiesta con síntomas físicos o verdaderas enfermedades que se suceden una detrás de otra. Todas estas enfermedades, llamadas psicosomáticas, no se curan definitivamente hasta que se trata su causa profunda.
La angustia duradera se suele vivir como un dolor intenso y continuo. Evoluciona inexorablemente hacia un estado neurótico y representa una auténtica amenaza para la vida social y de relación de la persona afectada.

SÍNTOMAS
Sentimiento de aprensión y de miedo.
Nerviosismo.
Contracturas musculares. O Sudor.
Palpitaciones.
Insomnio.
Pesadillas.
Sofocos y sensaciones de frío.
Dificultad respiratoria.
Diarrea y micciones frecuentes.
Manos húmedas.
Boca seca.
Sensación de "tener mariposas en el estómago".
Incapacidad para concentrarse.
Nudo en el estómago.
IMPORTANTE
Uno mismo no puede tratar un estado de ansiedad crónico.
Se necesita ayuda externa. No sirve de nada esperar: a medida que pasa el tiempo, la curación se hace más difícil.

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